DAVID COLOMA GARCÍA

18.11.2019

En silencio van cayendo los tiempos dorados, cuando la alegría inundaba todas las estancias al ritmo de una sinfonía despreocupada; el jolgorio estaba a la orden del día y en cada familia había notas distendidas en la partitura de la vida.

Aquellos marrones inconfundibles que habían sido sus acompañantes durante tanto tiempo, en los cuales se sumergía y que una tarde de otoño le robaron el corazón; esos tiernos y misteriosos se cerraron siendo ahora sumergidos por la tierra. Qué decir de esos otros más claros que fueron sus guías cuando empezó a explorar este mundo y le caldeaban en los más fríos momentos solitarios, aquellas manos que ahora crujían en el suelo fueron su cálido refugio y han pasado más de diez años de su partida. Y aquellos tonos dorados con los que jugaba, hacía fechorías siendo uña y carne incluso estando la distancia por en medio, nada separaba lo que desde el principio había crecido fuerte, robusto y noble, pero ayer partieron sin previo aviso para esconderse detrás de la gran cortina.

Cayeron muchos formando el camino por donde pasa, siendo él perenne de momento. También el sol languidece escondiéndose tímidamente en el horizonte porque no quiere que le vean llorar; la tristeza inundó su corazón al comprobar que ahora lo superfluo es lo imprescindible, lo voluble rige tras el entierro del compromiso, el tener se implanta con tiranía convirtiendo en hormigas al ente pensante.

Pasos inciertos buscando lo que no recuerda escondido tras multitud de capas que cubren su corazón. Apresura la zancada ante la inminente oscuridad que se acerca, luchando contra el gélido fantasma que intenta agarrar sus piernas, arrancar el halito verde de sus entrañas. Cada vez cuesta más avanzar pero el león musculoso le impone un ritmo invencible y prosigue el caminar entonando el antiguo melifluo.

Quizá en la lejanía encuentre lo que el olvido escondió u otra cosa que active la llave o en un recodo del sendero la serendipia, quizás los solitarios hogares le den la bienvenida y pueda seguir un día más, quizás le abracen los solitarios hogares que se mantienen firmes después de todos los avatares; quizás que esperan convertirse en realidad, loterías donde esperan salir los ojalás entre las bolas negras sin saber cuando caerán.

Este poemario es intimista, nace de la necesidad de expresar lo que llevo dentro, lo que vivo y las experiencias vitales más significativas. Hay mucho realismo y trato algunas cosas por las cuales todos hemos pasado alguna vez. Como dice un poeta: "Mis palabras dan crédito al pasar de mis días, desnudan mi alma y la hacen eterna. Lloran vivencias acérrimas con el degollar de los días".

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